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Cómo disfrutar de un vivac en otoño e invierno (Introducción)

Cuándo y cómo dormir bajo las estrellas en las estaciones frías… ¡evitando las sorpresas!

Trucos para unas noches inolvidables en la montaña
Trucos para unas noches inolvidables en la montaña

Sí, en otoño e invierno también se puede dormir sin tienda o lejos de un refugio y sin sufrir especialmente incomodidades… ¡pero toca sopesar por qué lo haremos y cómo evitar sorpresas indeseadas! 

Vivaquear en el vocabulario montañero es dormir al raso, sin tienda de campaña o carpa. Aunque en algunos espacios protegidos se considera hacer vivac a plantar la carpa al anochecer y quitarla al amanecer, la modalidad “sin carpa” es la de toda la vida y la que paulatinamente cada vez tiene menos partidarios… ¡pese a sus indudables ventajas! 

POR QUÉ VIVAQUEAR 

No hace falta forzosamente buscar una explicación convincente de las razones que nos empujan a vivaquear, porque al final parece que deseamos justificarnos ante a quien no les convence nuestra propuesta, pero entre las razones más habituales e incluso recientes, tenemos:  

  • Por logística. Necesitamos pasar una o más noches para completar una actividad larga y además queremos evitar cargar con una tienda de campaña.
  • Por necesidad. Se nos hace de noche antes de llegar a un refugio o al llegar tiene todas las plazas ocupadas e incluso quizá hayamos olvidado reservar. Quizá nos convence dormir cerca del aparcamiento la noche que llegamos o la de regreso de la actividad, para separar la conducción del cansancio adicional que genera la actividad física. 
  • Por placer. Meditar hasta dormirse contemplando un cielo estrellado, conversar con buenas amistades mientras los pequeños (y no tan pequeños) sonidos de la naturaleza nos arrullan, respirar un aire fresco y que te despierte el sol por la mañana… ¡es una auténtica experiencia! 
Vivaquear en montaña... ese placer que en invierno y otoño requiere especial cuidado
Vivaquear en montaña… ese placer que en invierno y otoño requiere especial cuidado

QUÉ NO ES UN VIVAC 

Algunas empresas de multiaventura venden grandilocuentemente “hacer vivac” como si fuese una actividad en sí misma o una vivencia extrema, cuando realmente no es así. El ser humano lleva haciéndolo desde hace miles de siglos –se dice pronto– y resulta un tanto pretencioso creernos especiales por dormir al aire libre sin tiendas de campaña. Montañeros, excursionistas y alpinistas llevan 200 años vivaqueando por placer o pura necesidad por todo el planeta y es sólo en estos últimos diez años, cuando la reducción de la duración de las actividades y la sobrevaloración llevar una vida lo más cómoda posible, cuando ha decaído enormemente el número de pernoctas sin tienda. 

ELEGIR, LA CLAVE

Cuatro son las principales variables a elegir: 

  • Lugar: es evidente que un emplazamiento despejado, horizontal, tranquilo (sin casas o granjas cercanas ni carreteras), seguro –nada de árboles secos próximos o de espacios expuestos al viento, no transitado por ganado o perros pastores, silencioso y con unas bonitas vistas es lo ideal. Sin embargo y para no pecar de ingenuos, debemos huir de lugares húmedos como un prado que haya retenido una lluvia reciente o el borde de un lago en otoño/invierno, demasiado fríos (algo que ocurre en las cercanías de los cauces de arroyos o cerca de las cumbres) o de bosques muy enmarañados y excesivamente tupidos. Si vivaqueas cerca de un refugio concurrido o en rellanos frecuentados por furgonetas y autocaravanas difícilmente encontrarás la paz que buscas. Por desgracia algunos de los mejores sitios son sobredivulgados en internet y el efecto llamada destruye la anhelada tranquilidad . 
  • Compañeros: mejor siempre con amigos que desconocidos y preferiblemente si ya tienen experiencia en montaña. Compañeros/as quejumbrosos/as, muy comodones/as, de actitud negativa o que simplemente no valoran el privilegio de dormir de una forma semiprimitiva en un paisaje solitario no te permitirán disfrutar de la pernocta. 
  • Día seco: en otoño hay jornadas muy lluviosas (especialmente en noviembre). Elige sólo una predicción anticiclónica de al menos dos días, que indique un 0% de posibilidades de precipitaciones. Por encima de un riesgo del 30%, será fácil que te mojes y que tengas que salir corriendo hasta tu coche, algo poco recomendable en plena noche. Te puedes permitir arriesgar un poco con el tiempo, si tienes una tienda ligera a mano –hablamos de menos de 2 kilogramos para 2 plazas- y de rápido montaje o si conoces una cueva cercana que no cale. 
  • Material: necesitamos un buen saco que como mínimo ofrezca un confort real de +5ºC –por lo tanto los muy finos/hiperligeros de verano serán a menudo insuficientes en media o alta montaña- y una colchoneta aislante confortable. Este último accesorio condiciona, además del aislamiento térmico respecto al suelo, el confort necesario para que podamos dormir sin notar la dureza del suelo, lo que prácticamente invalida las colchonetas tradicionales no inflables y nos conduce a modelos inflables o autoinflables de 3,5 centímetros de espesor o más. Una funda de vivac es útil en sitios húmedos o en circunstancias de viento fuerte, pero a menudo no resulta realmente imprescindible; las mejores llevan membrana de teflón expandido, pero las hay más baratas y con inducción de poliuretano que se muestran suficientes para la mayoría de los casos.  

SOBRE OTROS DETALLES IMPORTANTES 

Salvo si conoces el terreno de antes o tienes mucha experiencia, no esperes a que se haga de noche para buscar un emplazamiento idóneo o buscar el que aparece en un mapa (por ejemplo “collado de…”). La mayoría de los vivacs que se hacen duran desde las 19 h a las 8 de la mañana, pero a quienes les guste distanciar la cena de tumbarse a dormir intercalando una animada tertulia, no estarán en la bolsa de dormir antes de las 21 o 22 h, salvo si un frío les empuja a ello. 

Te interesa tener muy a mano la frontal, agua potable, una bolsa de basura en la que guardar tu calzado o cualquier prenda que se pueda mojar con la humedad nocturna, una buena almohada –improvisada con un forro polar doblado o una inflable de tipo ergonómico- y tu mochila bien cerrada, con la comida guardada dentro para evitar que se la coman ratones o zorros. 

Si el suelo no es perfectamente horizontal, resbalarás lateral o longitudinalmente y dormirás mal, quizá tengas que calzar/nivelar la colchoneta con la puntera de tus zapatillas, ropa, una cuerda, un poco de tierra suelta (sin cavar en el suelo) u otros recursos. Siempre que voy a dormir, primero me tumbo en la colchoneta sin el saco para detectar el nivel de comodidad que me transmite el sitio elegido y si no me convence la muevo hasta dar con algo mejor. Si notas alguna piedrecilla incómoda e ineludible, puedes acolcharla con los calcetines e incluso con las plantillas extraíbles de tu calzado y poner la colchoneta aislante encima. 

Pocos momentos tan hermosos como el sol desplegándose sobre las cumbres
Pocos momentos tan hermosos como el sol desplegándose sobre las cumbres

NO ESTÁ DE MÁS… 

… no está de más tener un plan B por si se pone a llover de repente. Puede ser desde tener una manta aluminizada por si caen apenas cuatro gotas hasta tener controlada cerca una roca desplomada en la que guarecernos o incluso nuestro coche si estamos cerca. Y para actuar deprisa en plena noche, antes todo tiene que estar ordenado, recogido y fácilmente localizable… ¡empezando por el impermeable! 

El momento más frío de la noche es justo antes del amanecer, quizá necesites algo ropa de refuerzo si te despierta esa baja temperatura. 

Evita vivaquear al lado de otros grupos, viviendas, cámpings y zonas donde no esté permitido (ocurre por mucho que no nos guste en algún que otro espacio protegido). Sé silencioso/a, no grites por muy contento/a que estés, no hagas fuego y respeta la propiedad privada. Y… ¡felices sueños!  

Fuente: Revista Oxigeno

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